Deportes extremos
jueves, 11 de junio de 2015
Motocross
torneo de la ola "más peligrosa de Chile"
bungee jump
Copa Mundial de Paintball 2011
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flyboard
Un salto al vació cargado de aventura tuvo un lamentable final
El joven iba de paseo con su novia y amigos al municipio de
Gachalá, donde se practican deportes extremos, como canotaje y bungee jumping.
A la 1:00 p.m., aproximadamente, a 80 metros de altura sobre el puente Miraflores,
cayó al vacío y no regresó.
Quienes lo acompañaban aseguran que no habían encontrado anomalías
en los equipos y que, antes de que su amigo se lanzara, unas nueve personas ya
lo habían hecho sin problemas. Por eso, cuando ocurrió el hecho, quedaron
"paralizados".
De policía a deportista extremo
Andrés Mejía dejó su cargo en la Policía para dedicarse de
lleno a los deportes de alto riesgo.
Este bogotano de 38 años se formó como policía en la Escuela
General Santander de Bogotá, como su padre, que también le fomentó el gusto por
las motos y la velocidad. A los 10 años montó su primera moto y se enamoró, al
igual que su progenitor, de la velocidad a dos llantas.
Atraído por la sensación de vértigo, este exoficial buscaba
la manera perfecta de mezclar su pasión con la que en ese momento era su
profesión. A pesar de que “practicar enduro siendo oficial de la Policía, en
vez de traerme beneficios, me trajo problemas dentro de la Institución. Logró
estar arriba de una moto mientras ejercía su oficio policial y lo hizo
fomentando la construcción de la pista de motos en la Escuela General
Santander, para luego, en el 2002, convertirse en instructor de motos de la
dirección Nacional de tránsito.
Sebastián ‘Tatán’ Mejía, uno de los exponentes más
importantes del ‘freestyle’ en moto de Colombia, es invitado por el creador de
‘Todo Terreno Track’ en el 2010, para que construyera su rampa de salto libre
en moto.
Con la llegada de ‘Tatán’, el exoficial Mejía, se motivó a
realizar su primer salto ‘freestyle’ en moto a los 34 años, “desde ahí, la
sensación de saltar me llenó profundamente, me atrapó y no me suelta”.
Sensación que lo aferró más al sonido de un motor, ahora en
el aire, y le empujó a seguir haciendo cosas diferentes.
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